Los riesgos menos conocidos del buceo

Bucear es un placer, aunque un problema de salud, por insignificante que parezca, puede suponer un grave inconveniente. Para sumergirse de forma segura, especialmente aquellos que, en épocas de descanso, pretenden incursionar en una experiencia que promete conocer lugares recónditos de océanos y mares y explorar las bellezas marinas, los expertos aconsejan someterse a un reconocimiento médico previo con el fin de descartar riesgos, algunos de ellos no tan conocidos, puntualiza Pablo Rubio

Bucear por el fondo marino es una sensación capaz de hacernos perder la noción del tiempo. A pesar de la placidez, se trata de un deporte riesgo que requiere también un certificado de aptitud.

Aquellos órganos que son importantes durante una inmersión, como los oídos, deben estar en perfectas condiciones, indica Pablo Rubio. Cada diez metros de profundidad se incrementa una atmósfera de presión, este aumento atmosférico es especialmente importante en los diez primeros, por lo que es fundamental verificar que no existe ningún problema en la trompa de Eustaquio (conducto que une el oído a la rinofaringe) ya que, en la inmersión, debe abrirse para equilibrar la presión de dentro del oído con la presión exterior.

Se requiere que los pulmones estén en perfectas condiciones. Controlar que se encuentren en perfecto estado y descartar posibles patologías obstructivas y enfermedades en la pleura. También es prioritario descartar que no padezca ninguna enfermedad cardiovascular. Es muy importante no haber sufrido previamente alguna afección como la cardiopatía isquémica, hipertensión o arritmia, afirma el especialista.

Las personas que tengan alteraciones del ritmo cardíaco corren el riesgo de sufrir un síncope. Si pierdes el conocimiento en la calle el mayor problema es que te des un golpe, pero en el agua la pérdida de conocimiento puede acarrear serios problemas y hasta el fallecimiento, remarca Pablo Rubio.

Pero no solo la presión puede ser causante de trastornos, el frío puede provocar hipotermia, aunque gracias a los avances en los equipos es muy difícil que esto suceda, a no ser que se produzca alguna rotura en el neopreno, el material del traje.

Pero también sufrir una simple gripe, padecer alergia o tener taponado un oído a la hora de la inmersión, pueden ser causantes de serios problemas que pueden conllevar a patologías graves.

Al sumergirnos, nos sometemos a una presión y el regulador o respirador aspira más aire de lo que necesitan los pulmones. A diez metros la presión se incrementa en una atmósfera, debido a esto tenemos en los pulmones el doble de aire. Si ascendemos de forma brusca, al disminuir la presión puede ser causante de un barotraumatismo.

Esto puede generar un accidente grave por descomprensión, aunque se trate a una lesión en la que intervienen los agentes físicos, los químicos también están presentes. Cuando nos sumergimos a grandes profundidades respiramos un 39% de nitrógeno y un 21% de oxígeno, estos dos gases sometidos a grandes presiones tienen tendencia a entrar en los tejidos. Así como el oxígeno se metaboliza, el nitrógeno no, dice Pablo Rubio.

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